UN VIAJE DE AMIGOS

Aunque se insista en que este libro es un libro de viajes, hay que reconocer que también desfilan por él, un viaje de amigos: una gran cantidad de nombres, de relevancia nacional e internacional, que se cruzaron por los caminos del autor en épocas diferentes.

En casi todos los casos esos nombres figuran como una forma de homenaje, pues el autor les quedó debiendo aprendizajes y experiencias que contribuyeron a concretar su viaje por el mapamundi y también por el tiempo, es decir por su vida toda.

El lector podrá disfrutar mucho encontrándolos en las situaciones más diversas y en los lugares menos esperados, pero solo para ayudarle le vamos adelantar algunos de los nominados en las 224 páginas del viaje.

Se van a encontrar allí con Manuel Formoso Peña, Guido Fernández, José Marín Cañas, Guido Sáenz, Alberto Cañas, Santiago Pedraz, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Lalo Chavarría, Gorgojo, Canfinera, y muchos más que seguramente conocieron. 

Descubrirlos es uno de los placeres que encierra este libro de pronta aparición.

Aquel libro de viajes que nunca fue

Mi próximo libro, con este título, vendrá lleno de sorpresas y contradicciones. El título lo muestra.

Para empezar, yo nunca escribiría un libro de viajes, y creo que tal vez no lo he escrito, pero este no es una novela, ni tampoco un ensayo, y como no tiene un género bien claro, lo he llamado “un misceláneo”. 

Un misceláneo, porque mezcla muchos géneros: tiene del reportaje, de la crónica, de la auto ficción, del testimonio, de la historia, de la filosofía, y de muchos otros recursos estilísticos y hasta contradictorios.

La primera contradicción está en el título, que, sin publicar el libro, ya me lo han criticado bastante.

Paso a explicar:  siempre me sedujo el nombre de una obra teatral del francés Jean Giraudoux, que se llama La guerra de Troya no tendrá lugar, el cual encierra, en sí, una contradicción poderosa entre un hecho histórico ya probado (la guerra) y su negación inmediata (el predicado).

Es lo mismo que hago con mi título: el libro se cita en tiempo pasado (aquel), por tanto, ya fue, pero, de inmediato, procedo a negarlo, aunque, paradójicamente, el lector lo tendrá en sus manos. 

Este juego de significados (semas y no semas, dicen los semióticos), se va a despejar en el curso de la lectura, y, en cierta forma, es mi mensaje de lo contradictoria que es la vida, la cual, precisamente, defino como un viaje y, en este caso, es el viaje que trato de vivir con los lectores, y que espero, ellos también acompañen al narrador, por lo cual me he negado a incluir fotos, aunque muchas están disponibles en las fuentes que allí se citan.

Ese es el primer desafío del proyecto, cuya génesis y progreso se va relatando allí mismo, y su gran éxito sería que resulte interesante, divertido, y que nadie se aburra hasta la última línea, donde habrá de esclarecer si el libro de viajes fue o no fue. Aunque los viajes sí están allí, peero sin fotos.

Estimo que para noviembre lo tendrán en sus manos, y está quedando muy hermoso en las inventivas manos de Carlos Alejandro Morales, el diseñador estelar de Prisma.

Esta foto es pura propaganda, no se engañe, no será la portada de la obra.

HERNÁN JIMÉNEZ, ¿QUÉ TE PASÓ EN EL OJO?

Por Carlos Morales

Siempre me ha parecido, que la gran calidad de un artista, en cualquier campo de las bellas artes, está en relación con su “buen ojo” para ver y sentir las cosas, las gentes, las circunstancias, el paisaje, las palabras. Sensibilidad, en una palabra.

El buen ojo es un don especial que se puede cultivar, que se perfecciona, pero que es don “de Natura y no de Salamanca”.

Creo que ese ojo de gavilán, que poseen los grandes creadores, está íntimamente vinculado con su con su órgano cordial, con su capacidad de sentir, con su corazón, con todo lo instintivo que llevan en el alma.

En el caso de las artes visuales, y en el cine, particularmente, el buen ojo lo abarca todo, porque este es un arte total, y allí es donde me sorprende la película “Abril” del costarricense Hernán Jiménez.

Este estimable director, a quien no conozco en persona, demuestra, en ese filme, que tiene el mejor ojo para realizar el cine nacional contemporáneo. Es dueño de un lente privilegiado, que ve más que cualquiera, y que siente mejor que nadie la idiosincrasia de nuestro ser en el siglo XXI.

Su película fluye con velocidad y gracia, con una trama que, por sencilla y verosímil, pareciera acabada de arrancar a la más profunda naturaleza de nuestra clase media josefina. Sus detalles la hacen connatural, emocionante, risueña, llena de lo nuestro y, por tanto, inolvidable.

La actriz escogida para el protagónico (no digo nombres porque no conozco a ninguno, y eso me parece un acierto de Jiménez, que no rebuscó en “A todo dar”, “Mira quien baila” o “Recordemos cantantes”, para conformar su elenco), es una belleza egipcia, contenida y espontánea, que solo me incomodó, un poco, por el dejo aburguesado de su voz, pero que encarna el rol como cualquier experimentada actriz de Hollywood. Gran acierto del casting y manejo exacto del director, que se repite con impacto en los modales ambiguos y rebeldes de la sufrida hija adolescente. 

La pareja de actores amigos: la mujer que con picardía se extrae de su busto, el anillo de matrimonio en plena ceremonia nupcial, y el marido, que se estalla la frente en la piscina, están llenos de gracia y simpatía, lo mismo que don Tito, y el propio Hernán, que es un actor consolidado y pasado de simpático.

Las tomas de la catedral metropolitana, del barrio Amón, de la línea férrea en San Pedro, de La bohemia, de Zapote y de La Cali, le agregan un toque ubicador y vinculatorio con lo nuestro, con lo más cercano. Suficiente para que los espectadores la sellaran con aplauso al final, cosa que nunca ocurre, en quinta función, ni con “El señor de los anillos”.

Este dichoso Hernán, que además la ha empujado comercialmente y vendido en los mercados de Estados Unidos, merece tener más triunfos, porque tiene ese ojo inusual del gran cineasta que todo lo ve y además lo embellece.

Por eso le pregunto: ¿qué te pasó en el ojo, Hernán? 

¿Será que te cayo polvo de estrellas?

EL SHOW MÁS ESTÚPIDO DEL MUNDO

5/1/2022

A damaged car sits at the central square following shelling of the City Hall building in Kharkiv, Ukraine, Tuesday, March 1, 2022.(AP Photo/Pavel Dorogoy)

Con este título se publica hoy en Semanario Universidad un artículo de Carlos Morales sobre la guerra en Ucrania. Un punto de vista algo diferente de FOX, CNN, y de la aquí censurada RT.

Léalo en:
https://semanariouniversidad.com/opinion/el-show-mas-estupido-del-mundo/

Luis Garita – UNA PRESENCIA MUY CONSTANTE

Carlos Morales

El pasado martes 19 de octubre, la Universidad de Costa Rica desvelizó un busto del ex rector Luis Garita Bonilla en la Plaza 24 de abril, y aprovechó la ocasión para rendirle homenaje a uno de sus más devotos servidores.
En apropiados discurso, las autoridades académicas y la hija mayor del homenajeado, Ana Elena Garita Incer, recordaron la trayectoria y generoso servicio que el abogado y economista le prestó al alma máter a lo largo de toda su vida. Esto es más de medio siglo: desde que ingresó a los Estudios Generales, en 1964, hasta que falleció trágicamente, en 2016.
La obra y pensamiento que el doctor Garita le dejó a la UCR es invaluable, y los oradores lo ponderaron debidamente, mas la idea que mejor planteó la relación entre esta universidad y el homenajeado, la dejó caer, con una lágrima furtiva, su hija primogénita, cuando afirmó:  “para mi padre, y para nosotros sus hijos, esta universidad era su casa, y recuerdo bien cuando me traía de la mano a pasear por este campus, donde él trabajaba todo el día¨ (cif).
Nada más cierto.
Luis Garita Bonilla, sin perjuicio de sus otros cargos en la administración pública, sus doctorados en el extranjero, sus vínculos con amigos del alma, o con políticos no tan del alma, y sus exploraciones de paisajes diversos por todo el Mundo, vivió siempre en función de la Universidad de Costa Rica. Casi todo lo puso a girar en torno a ella, y de allí que su legado es monumental, por más que uno se concentre en citar el FEES, la Intranet, la regionalización, el apoyo a la libre expresión, la reforma del Consejo, la FUNDEVI y mil etcéteras más.
Y es gigantesca, porque dejó calor, enseñanzas, sabiduría, sencillez, honestidad y solidaridad humana diseminados por todo el campus, donde empezó a moverse como luchador contra ALCOA en la dirigencia estudiantil, y ascendió hasta el más alto cargo de la institución.
Por todo ello, es hermoso que su bien moldeado rostro se luzca hoy en esa plaza de las libertades donde comenzaron sus luchas de universitario, y se vuelva, exactamente allí, una presencia constante.
Es muy posible ahora, que su nueva residencia física en esos jardines, vea pasar algún día a Ana Elena o a Juan Daniel o a Eugenia o a Luis Diego, llevando de la mano –como en los viejos tiempos– a alguno de sus hijos o nietos, por esos mismos senderos de sabiduría y honestidad por los que él mismo encaminó a tantos.

Tres amigos de Luis Garita (Sergio Espinoza, Manuel Morales y Carlos Morales) junto al busto recién develizado.

UN FEMINISTA A LA ANTIGUA

El baturro J.A. Segovia, protagonista de COSAS DE MUJERES, la nueva novela de Carlos Morales, admite que ellas han determinado su vida; desde la que lo sacó de las aguas del Ebro, hasta quien lo enterrará en las orillas del Ciruelas. Por eso se declara feminista, o “filóginio”, para no entrar en enredos.

Isabella, Violeta, Margarita, Dalia, Chury, Sofía y veinte más, definirán su ruta, y él las recordará a todas, para bien o para mal, en unas memorias que están llenas de amor y de nostalgias en un solo hilo vital que cruza todo el siglo pasado.

​Se publicará en enero.