LA TRANSPARENCIA DE JÖEL DICKER

Este artículo está para publicarse en los próximos días en el Semanario Universidad, en la revista Archipiélago de la UNAM y en el ElJornal.com.

Lo ofrecemos aquí como un adelanto a los seguidores del autor.

Carlos Morales

En el gremio de los escritores existe un axioma que se repite con frecuencia: “no importa lo que cuentes, lo que importa es la forma como lo cuentas”. Esto quiere decir que, no es tan importante el tema o la trama que poseas, como la forma en que logres narrarla. Es decir, importa el contenido, pero más importa el continente.
En parte es algo cierto, pero no totalmente; porque una cosa es ese librito bien difundido que se llama El principito, y otra cosa es ese monumento literario inigualable, que se llama Crimen y castigo… Como dicen los mexicanos: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Lo que sí es definitivo es que la forma en que está escrito un libro es determinante para su éxito, comprensión y valía, por lo que los autores han vivido eternamente preocupados de la forma, de ese sistema de narrar que seduce, que atrapa al lector, que todo lo puede. Al extremo de que el gran maestro francés Gustave Flaubert, soñaba con escribir un libro que fuera un arte de pura forma, como la música, sin anécdota, sin historia (¡!). 
No he sabido de alguien que lo haya logrado, pero sí de muchos que lo han intentado.
El novelista policiaco Jöel Dicker (Suiza 1985) ha sido considerado el fenómeno literario más explosivo de los últimos decenios. Tiene publicadas ocho obras y ha sido traducido a 42 lenguas. Se calcula en 22 millones el número de sus lectores.
Triunfador de todos los premios grandes que en Europa han sido, comenzando por el Goncourt, vivió buen tiempo en los Estados Unidos, y lo mismo escribe en inglés, en francés, y un poco en español.
No lo conozco personalmente, pero lo he leído tanto y apreciado en sus entrevistas de vídeo, que me parece muy cercano. Es lo que pasa con los escritores grandes.
Originalmente Dicker es un narrador de trillers, es decir, un policiaco, pero por su edad, no es tan discípulo de los clásicos Raymond Chandler y Dashiell Hammett, como de las modernas teleseries escandinavas, de donde pareciera alimentarse buena parte de su producción.
Como no soy un lector asiduo de novelas policiacas, debo explicar que en su literatura encontré valores agregados que me hicieron seguirlo e indagarlo. Incluso –si quieren– convertirme en su fan.
Por ejemplo, la nitidez de su lenguaje (bien traducido, pues lo leo en español) asociada a la sencillez de sus expresiones, las cuales van siempre dirigidas a un objetivo concreto y nunca tratan de impresionar gratuitamente al lector ni de pavonearse con el estilo, cosa algo usual en los postmodernos franceses de ingrata memoria. Tampoco abundan en sus libros la sangre, la violencia, o el morbo sexual. Es –para decirlo de alguna manera– un estilo de novela negra pero bastante blanca.
Desde su primera incursión, con Los últimos días de nuestros padres(Premio Ginebra 2012), Dicker se ha internado en historias policiacas de profundo valor humano y sofisticadas tramas que mágicamente se deslindan al final en un portentoso y laberíntico viaje de inteligencia, acertijos matemáticos y románticas relaciones que comprometen al lector hasta en lo más hondo de su sensibilidad. Su detallismo es prodigioso y sus alcances humorísticos le aportan un toque crítico frente a la sociedad actual.
Hasta aquí lo que quiero decir es que Jöel Dicker es un seductor de la palabra. Nació con el don del gran relator, capaz de envolver al público en sus imaginarias fantasías criminales, y dejarle al final un gusto cristalino por la eficacia conceptual, lo estético de su discurso y la musicalidad de su narrativa.
Bueno, pues en su nueva novela, La muy catastrófica visita al zoo (abril 2025), el artista decide explorar otros caminos, lo cual me encanta. Pero no tanto.
Rompe de un tajo con su línea de deducción criminalística, geográficamente instalada en los Estados Unidos o Ginebra, para aterrizar en un kínder de niños discapacitados o especiales, sin expresa ubicación de nacionalidad.
Y aquí viene lo bueno: el autor decide desmantelar todos los eventos y recursos narrativos de los siete trillers que lo ocuparon antes y, en vez de crímenes y muertes, tratar de seducir al lector con una historia intrascendente de seis niños, que se pierden en un zoológico después de ver inundados los lavatorios de su kindergarden y tratar de descubrir quién fue el que los tapó con plastilina. ¡Más insignificante no puede ser la trama!
Para más inocencia y levedad, los chicos son todos víctimas de alguna discapacidad, y la historia es contada por Josephine, una niña de escasos diez años, en la mesa del comedor ante sus padres y un plato de sopa. Más inofensiva y poco trascendente no podía ser.
Sin embargo, y aquí viene lo potente: el autor logra persuadir al público con su relato, con los mínimos incidentes que ocurren en aquel kínder de enfermitos y lanzar unos cuantos flechazos a la sociedad modernas con sus ataques a la democracia, a la libertad, a la educación y a la realización plena de los ciudadanos.
Además de lo cristalino de su estilo, me encanta su intento por desmontar la novela policiaca con una arquitectura similar. Algo así como hizo nuestro venerado Cervantes con las novelas de caballería del siglo XIV.
No es para nada el mejor libro de Dicker, pero su intento por convencernos con una historia pueril parece tener sentido en su declarado afán de acercar nuevos públicos a la lectura y por depurar un estilo transparente, donde la forma casi logra lo que el contenido no puede, pues, aunque no está del todo ausente, es bastante inocuo.
Dice Dicker que lo escribió para lectores de los 6 a los 120 años y, por los millones de ellos que ha seducido, parece que lo va logrando. La envidia es que él mismo tiene apenas 39, y quien firma va alcanzando ya el nivel del piso ocho.

Moravia, mayo 2025.

La muy catastrófica visita al zoo
Jöel Dicker
Alfaguara 2025
224 páginas.

Catedráticos de Colombia y Costa Rica opinan acerca de Es la historia de un amor…

GONZALO MEDINA PÉREZ, Catedrático en Comunicación Social por la Universidad de Antioquia.

Querido Carlos. Leí tu historia de amor y, de entrada, no lo dudé un momento: renuncié a la arquitectura de la novela como mi centro de interés en calidad de lector y, poco a poco, me dejé llevar por los sentimientos duramente encontrados que despliega tu relato: la conquista de Sofía, la entrega total inevitable, los momentos vividos a lo largo de 50 años intensos que confluyeron en un desenlace del que, luego de la lectura, aún no me repongo: ya sabes a cuál me refiero…me cuesta describirlo. Sobre todo cuando me remito a la narración sobrecogedora de la página 108: me pongo en tu lugar y reconozco mi cobardía no solo para imaginar lo que sentiste, sino para pensar por un instante en ser yo quien se chocara contra tan implacable celada que, con toda su crueldad, te tendió la vida. En ese pasaje de tu narración -tal vez para hacer más duro el impacto que recibí al leer aquel-, regresé por instinto a la página 35 y releí:
 “Semejaba una sílfide del Olimpo, o tal vez Terpsícore, la musa de la danza. Su rostro era de una simetría perfecta, pero quizás eran sus ojos, grandes, almendrados, par de luminarias de azul cambiante, según la luz que tuvieran, los que la convertían en una beldad casi etérea. Su cuerpo, muy delgado, pero perfectamente modelado, un fino cuello de Bernini o de Boticelli. Su cabello largo y negro le caía hasta los hombros y su piel sedosa, entre transparente y brillante, parecía como de cristal pulido. Una flor turquesa diminuta, en cada oreja, le duplicaban la mirada, y su sonrisa serena era como para calmar a un dinosaurio”. A pesar de que en el libro lo cuentas, no puedo dejar de preguntarme y preguntarte: ¿Cómo te has sobrepuesto, apreciado amigo? Sobre todo cuando ya no contabas con Sofía.
Carlos: es por ello que afirmo que tu historia de amor es una que trasciende la muerte, porque junto con tus hijos y toda tu familia y con la fuerza que inspiró el sentimiento de Sofía -ausente y a la vez presente- fuiste capaz de exorcizarla. 
Las vivencias y las propias lecturas -pero sobre todo las primeras- nos obligan, a quienes posamos de racionales, a abrirle la hendija del pensamiento a aquello que, asombrados, solo nos permite definirlo con una pregunta: ¿qué es? ¿Por qué es? ¿Qué será?, tal el título de la canción del brasileño Chico Buarque y que más conocemos en la versión de Willie Colón. Con ello comparto tu asombro ante el milagro -no hay otra palabra- que vivieron en el aeropuerto de Nueva York con el taxista pakistaní mostrándote tu bolso con los ya inalcanzables pasaportes. Pienso que hoy ese acontecimiento -incluida la respuesta de Sofía cuando definió aquello como “milagro”-, te acerca y te hace sentir más cerca y viva la presencia de Sofía. Gracias por compartirme este homenaje sentido a quien seguirá presente en ti hasta el último segundo de tu vida…o, a propósito, más allá de ella. Abrazo fraterno y todo mi reconocimiento, estimado Carlos.


CARLOS CORTÉS, Catedrático de literatura en Estudios Generales, UCR.

Querido Carlos: 
Muchas gracias por la presentación de anoche. Acabo de terminar de leer tu libro. Desde que te conocí, en casa de Carlos Catania, noté que incluso el timbre de voz te cambiaba cuando pronunciabas el nombre de María o de La Macha, como una emoción que te reverberaba por dentro. Ese es el tono con el que está escrito el libro como un acto de supervivencia y de redención.  
Ahora que se acerca la Semana Santa no me olvidaré nunca de la Semana Santa del año pasado cuando nos invitaste a la casa y vi a María por última vez. Me impresionó su fuerza y esa alegría de vivir con la que llenás las páginas de tu libro y que abarcó la vida total que compartieron. 
Ante el absoluto misterio de la vida y de la muerte es muy poco lo que puedo decirte salvo agradecerte por un libro escrito con sangre, como dijiste anoche, con las vísceras, que está a la altura de todo lo que en el mundo puede llamarse amor, el más puro amor.


GERARDO CONTRERAS, catedrático de historia por la UCR
Leer y a la vez reflexionar, sobre la reciente novela-testimonio de Carlos Morales, es en definitiva pensar y repensar sobre esos dos grandes paradigmas: la vida y la muerte.
Sin la menor duda para el lector, esta obra es un homenaje a ultranza sobre la PERSONA AMADA, como también una manera muy sui géneris de vivir el duelo, que no es cualquier duelo.
La Señora María, fue, a decir verdad, lo que su esposo Carlos Morales, escribe letra a letra, palabra a palabra.
Una MUJER empoderada, posicionada de sus roles, desde una perspectiva muy sensata de lo que suele denominarse Perspectiva de Género.
Ella, nos narra el autor, cumplió a cabalidad sus sueños, sus deseos, nunca se dejó amilanar por circunstancias adversas.
Vivió la VIDA como debe vivirse, esto es, intensamente, ahí con sus seres queridos, con una conducta prístina, dando ejemplo a cada instante.
La novela, en mi criterio, es una muy buena catarsis del autor ante ese SER SUPERIOR, con la que convivió por espacio de medio siglo.
Creo que leyéndola, todas y todos, aprenderíamos aún más sobre cómo engrandecer el AMOR, en el día a día.


Dr. Juan Diego Castro, catedrático de derecho y seguramente el abogado más famoso del país.

Asistí al “nacimiento” del libro “Es la historia de un amor”, del  novelista Carlos Morales Castro, en la Librería Internacional. Cuando leí cada capítulo de esta vibrante y preciosa novela, recorrí con Sofía y con Alberto Del Río, esos instantes maravillosos, desde la puerta negra hasta la muerte, del enamoramiento hasta el dolor. Otra genial obra de mi apreciado amigo.

Ganador del premio nacional Novela 2008

TOMADO DE: ENTREVISTA A CARLOS MORALES:
1-¿Qué es exactamente”La rebelión de las avispas”?Se trata de una novela muy moderna y ambiciosa. Quizás la primera novela interactiva en la región. Está compuesta de un cierto modo fractal, es decir con pedazos similares que convergen, y la estructura la ideé pensando en un espectador de cine que entra a ver una misma película muchas veces en tiempos distintos, de tal modo que debe reconstruirla en su memoria para tener una idea completa. Además, es polifónica y multi-temática. Los personajes-narradores son muy diversos e incluso se ocultan para evitar represalias, y los temas abarcados son muchos, en resumen una visión casi testimonial de nuestro tiempo. Creo que es una denuncia fuerte contra la corrupción política, la hipocresía, la ambición de poder, las luchas sexistas, el sectarismo intolerante, la mediocridad general, la educación mercantilizada, la desnaturalización del idioma, el burocratismo, en fin, como ha dicho Carlos Catania: contra toda Estupidez Exitosa.

2-¿Cuál es su argumento?La rebelión de las avispas es una denuncia contra muchas porquerías de nuestro tiempo y como en todos mis libros, procuro que sea un modo de escarmentar y mejorar este mundillo podrido que vivimos.
No hay una sola línea argumental a la manera siglo XIX. Los hechos se van consignando mediante un convencionalismo de pantallas que reflejan la vida diversa de una universidad (la UPA). Las pantallas son participativas, de modo que los habitantes de la UPA pueden intervenirlas y de hecho lo hacen. El mismo lector es un espectador de ellas y aunque todo está controlado como en el Big Brother de Orwell o en los televisores de Farenheit 451, existe un cierto riesgo participativo y democrático, que puede ser alma de la trama, pues el público tiene acceso a la tecnología y los jerarcas pueden resultar desplumados. En el libro nunca se sabe quién escribe las pantallas, salvo cuando van firmadas.

El autor con su esposa María y su nieta Sol. Fotografía de doña Sara Castellón de Castro.

[Entrevista Completa]

¿Mordaza en el Semanario?

6/8/2003

Publicado en La Nación el viernes 6 de junio

De la redacción 
Hárold Leandro Camacho 
Redactor de La Nación 

La pregunta de por sí me hiela la sangre porque me es imposible creer que haya mordaza en el Semanario Universidad, en el que me inicié como periodista y donde siempre ha predominado el respeto por la libertad de expresión y de prensa. 
Los aires, sin embargo, traen noticias que me sorprenden y me dejan atónito: existe miedo entre los redactores para referirse a temas relacionados con la Universidad de Costa Rica (UCR) porque están vedados; les censuran las notas que no favorecen a la administración actual y hay un ambiente de silencio en la redacción. 
Me sorprende aún más que los estudiantes que ingresan al Semanario , que por muchos años se constituyó en una gran escuela de periodismo, solo puedan hacer prácticas en la sección de Universitarias y que reciban talleres de “género”, para que escriban con un lenguaje “inclusivo”, que equivale a decir “los y las” y a convocar al carnaval de las codiciadas y posmodernas “arrobas”. 
No puedo pensar ni siquiera por un instante, que al Semanario Universidad , un periódico que defendió la libertad de pensamiento, lo hayan convertirlo en un triste y servil boletín de prensa, de los tantos que abundan en nuestro país. 
Me niego a creer que el Semanario esté sujeto a las “noticias positivas”, por que ahí “ya no se publican más notas contra la administración”, del rector Gabriel Macaya, como quedó claro por parte de la directora Thaís Aguilar. 
Señor Macaya, como exredactor del Semanario , exalumno de la UCR y como ciudadano, le exijo aclare a los costarricenses si usted ordenó cercenar la independencia del Semanario . 
De paso, podría explicarnos cuál es su política con los medios universitarios pues entiendo que el miedo y la represión también son moneda de uso corriente en la radio y el canal de televisión.

Periodistas enfrentan a administración

5/19/2003

Publicado en La República el lunes 19 de Mayo, 2003 

María Siu
msiu@larepublica.net

– Comunicadores de la Universidad de Costa Rica aseguran que existen mordazas para publicar críticas a la administración del centro educativo
– Los jerarcas de la institución afirman que las acusaciones son falsas y que las quejas vienen de un pequeño grupo de personas que no hacen bien su trabajo
– El Consejo Universitario investiga si existen casos de censura previa y persecución laboral en los medios de comunicación de esa institución ante las denuncias de 18 funcionarios

Lo que comenzó como un pequeño conflicto laboral a lo interno de algunos medios de la Universidad de Costa Rica (UCR) se convirtió, a principios de este año, en una disputa de poder que ahora involucra tanto a miembros de la administración como del Consejo Universitario.
Por un lado, varios periodistas de la UCR afirman que son víctimas de supuestos actos de persecución laboral y censura para publicar críticas en contra de la administración; mientras, por otro, los jerarcas aseguran que esas acusaciones son falsas. 
Esta problemática motivó que los miembros del Consejo Universitario nombraran una comisión para investigar el asunto. 
Cabe destacar que esta situación aparece en un contexto de cambios y reorganización administrativa en los medios de comunicación de la UCR, los cuales están adscritos a la Vicerrectoría de Acción Social. 
Según Oscar Mena, miembro de la comisión de investigación, el Consejo Universitario decidió por mayoría abrir una investigación en la sesión 4.744 del 12 de febrero de este año debido a que los funcionarios de los medios de comunicación aportaron una serie de pruebas. 
Dos días antes el Consejo Universitario recibió una carta de denuncia con la firma de 18 periodistas del Semanario Universidad, de las radios culturales (Radio U y Radio Clásica) y de la Oficina de Divulgación. 
En ese documento los funcionarios de los medios alegan amonestaciones constantes, abusos de autoridad, hostigamiento laboral, censura previa, falta de planes para desarrollar los medios y carencia de requisitos e idoneidad profesional en el nombramiento de algunas jefaturas. 
El rector de la UCR, Gabriel Macaya, calificó de ridículo el hecho de que algunos periodistas de esa institución aseguren que existe una mordaza para no publicar críticas en contra de la administración. 
“Creo que es un problema de algunas personas que quieren crear una cortina de humo hacia la capacidad de gestión del pasado, en la dirección de los medios de la UCR hay funcionarios responsables”, afirmó Macaya. 
Los periodistas justifican su iniciativa en el hecho de que esa situación contribuye al desmantelamiento de los medios y atenta contra la libertad de expresión. 
En el caso de Semanario Universidad, los periodistas denuncian censura previa en algunos reportajes por parte de la directora de ese medio, Thaís Aguilar, y persecución de la vicerrectora de Acción Social, Leda Muñoz, por medio de amonestaciones. 
“La directora del Semanario Universidad se niega a publicar el reportaje “Medios de Comunicación denuncian persecución laboral”, elaborado por el redactor Eduardo Ramírez. La señora Aguilar argumenta que no tiene equilibrio, que los hechos relatados no son noticia y que por ende no le interesan a nadie. Advierte sobre la intención de no publicar noticias negativas sobre la administración Macaya”, expresa el documento. 
LA REPUBLICA consultó a la directora del Semanario acerca de esa y otras denuncias. Aguilar contestó que por teléfono no daba declaraciones y que todo lo que han dicho es absolutamente falso. 
El Semanario Universidad tiene más de 30 años de creación y se caracteriza por ser un baluarte de la libertad de expresión en la región centroamericana, e incluso es catalogado por muchos como “el periódico más libre”. 
Ahí radica la preocupación de algunos de los periodistas que laboran para ese medio y que exigieron el anonimato por temor a represalias. 
“Las autoridades educativas siempre han querido que este periódico tenga una línea oficialista, si bien este medio es financiado por la UCR, no es la voz oficial”, afirmó uno de los periodistas. 
Carlos Morales, ex director del Semanario, advirtió que cuando él estuvo en ese cargo hubo presiones por lo que el periódico publicaba. 
“Lo que quieren es convertir al periódico en un boletín institucional para que deje de denunciar las fallas internas de la institución”, comentó Morales. 
Por su parte, la vicerrectora Muñoz declaró respecto a la directora del semanario que es una buena periodista y hace un trabajo excelente. 
“El director de un medio debe tener algunas libertades, ese problema viene de dos o tres personas que no hacen bien su trabajo, me parece terrible que los directores no puedan tomar decisiones internamente”, manifestó Muñoz. 
Agregó que el Consejo Universitario carece de facultad para hacer una investigación en ese sentido, comentario que causó malestar entre los miembros de esa entidad. 
“El artículo 30 del estatuto orgánico habla de las funciones del Consejo Universitario y una de ellas es fiscalizar la gestión de la UCR para la buena marcha de la institución, me sorprende la actitud de Leda Muñoz, así como su cuestionamiento”, comentó Mena. 
En cuanto a los problemas que plantearon los periodistas del Semanario, Mena comentó que ese periódico perdió el perfil de denuncia. 
“La vicerrectora Muñoz me contestó que daría un taller de libertad de expresión y de prensa a los miembros del Consejo Universitario, cuando yo le pregunté por qué no se publicó el reportaje de Eduardo Ramírez que hacía alusión a la persecución en los medios”, enfatizó Mena. 
Los funcionarios de las radioemisoras culturales denunciaron atropellos laborales y los de la Oficina de Divulgación cuestionaron que el cargo de director esté en manos de un profesional en historia en lugar de un periodismo. 
Según el documento de denuncia, entre los problemas suscitados en la radio está el cierre del noticiario “A Tiempo” por una situación de hacinamiento.
El director de ese medio, Nelson Brenes, comentó que esas acusaciones se basan en la llamada de atención a algunos funcionarios que cometieron violaciones al contrato de trabajo. 
“Aquí no hay espacio físico y teníamos a 30 ó 40 estudiantes para hacer el noticiario, el rector Macaya tiene plena conciencia de que aquí no hay ni espacio, ni presupuesto para la producción”, explicó Brenes. 
Pese a que en este momento el Consejo Universitario realiza una investigación en torno a las acusaciones, los primeros resultados podrían estar a largo plazo, en vista de que los miembros de ese ente aseguran que algunas autoridades educativas se niegan a cooperar.

[Más Información] 
Fuera del conflicto – A diferencia del resto de los medios de comunicación de la Universidad de Costa Rica (UCR) los funcionarios del Canal 15 aseguran que en su caso no hay presiones laborales. El director de ese medio, Carlos Freer, manifestó a LA REPUBLICA que no ha sentido persecución alguna y que, por el contrario, agradece el apoyo por parte de las autoridades educativas. “Con nosotros la Rectoría y Vicerrectoría de Acción Social han colaborado mucho, sobre todo para la adquisición de equipo”, replicó Freer.

UNIVERSIDAD CAÓTICA

Publicado en Semanario UNIVERSIDAD del 17-01-03.
Carlos Morales

Es factible admitir –a la luz de los hechos aquí divulgados– que los síntomas de descomposición institucional que agobian ha rato al país, se han presentado un poco más tarde en nuestra universidad y también es probable que muchos –los más viejos– no lo quieran ni reconocer.

Pero lo que no es admisible, a estas alturas del proceso, es mirar la debacle con indiferencia, huir por la derecha o cruzarse de brazos y dejar que todo se lo lleve el diablo.

A partir de 1989, con la caída del muro, el desmembramiento de la Europa del Este y la desaparición de la bipolaridad ideológica, ingresamos en una turbia posmodernidad que abrió el espacio a una sociedad globalizada, hiperconsumista, amoral, desprovista de referencias en todos los campos y con una ética acomodaticia, sin valores, donde impera el fratricidio hobbesiano de “quítate tu pa ponerme yo”.

Esta tragedia caíniana de la contemporaneidad pareciera ser resultado del hundimiento de algunas utopías colectivistas en las que muchos pusimos la fe y luego las vimos enterrarse entre podredumbre y avaricia.

El fracaso del socialismo real en la antigua URSS, las miserias etnocidas en los Balcanes y el aborto de procesos revolucionarios en El Salvador y Nicaragua, propiciaron seguramente el abandono de posiciones, el reciclaje ideológico, la entrega de banderas, el intercambio de sectas y el “valemadrismo” , actitudes explicables cuando la fe se extingue y se da por agotado el combate.

Todo este cisma ideológico-estructural vino parejo con el avance de la corrupción y el triunfo del nuevo orden económico (Bush dixit), por lo que actos individuales o focalizados, no pueden ser excluidos de ese contexto que nos recalca cómo lo podrido, lo mediocre y lo frívolo son inherentes al posmodernismo neoliberal que vivimos o sufrimos o soportamos.

Así de negro el panorama, uno puede comprender que millones de personas se desmarquen y vivan con indolencia y desprecio el mundo lamentable que nos va quedando, pero ni aun ello será justificativo para descartar los sueños y abandonarse a la marea de la impudicia.

A veces –en las estructuras burocráticas– la presión de lo caótico, de lo mediocre y de lo corrupto es tan fuerte, que valoramos la conveniencia de callar para que no se expanda, o para reducir un inevitable daño a la institución que nos desvela. Pero esa actitud temerosa nos vuelve cómplices y nos corrompe, aparte de que no hay fetidez tan despreciable como la putrefacción de los sepulcros blanqueados o la pus de los pantanos serenos, cuyas aguas enfermas se vuelven explosivas si no se oxigenan.

Función primordial de la prensa libre es ventilar las lacras e impedir que las mayorías silenciosas corrompan el cuerpo social con su indiferencia, su ignorancia o su mal pagado silencio. Pero víctima del mal del siglo, también la prensa prefiere a veces edulcurar que denunciar, encubrir que destapar, frivolizar que tocar fondo.

En Costa Rica, el periódico UNIVERSIDAD ha sido bastión de la denuncia valiente y fue por eso que, en 1994, le concedieron el Premio Joaquín García Monge de Periodismo. También por eso se le ha perseguido, se le ha recortado, se le ha injuriado y ahora, que sufre nueva batida, es cuando más debe levantar su voz, porque si lo han de estrangular es mejor que sea en su digna ley y no en la de sus cobardes y tradicionales enemigos.

En medio de una universidad caótica, cuyos principios se enredan entre el negociado personal, el usufructo familiar, la ausencia total de liderazgo, la mediocridad rampante, la persecución febril y un declive general que pareciera intencionado a que florezcan las universidades privadas, el Semanario es la única voz que queda para que no todo se lo lleve el diablo.

En este año crucial de 2003, habrá que ventilar unos 200 casos judiciales que penden sobre la UCR por mala administración, los constantes amparos, las denuncias ante la OIT, la deuda salarial. Incluso hay un peculado por ¢300 millones (expediente 01-1632-175-PE-A2) que indaga el Ministerio Público contra autoridades de FUNDEVI. Es preciso esclarecer las recontrataciones ilegales, los sueldos duplicados en Conavi, los triple tiempos completos médicos, el pago ilegal de la UCRP (universidad paralela) a profesores de maestrías e institutos en verdaderos biombos académicos, los sobresueldos con plata del Laname, los arreglos de jardinería autoasignados, los cobros de comisión ilícitos en la JAFAP, los viáticos dobles vía Fundevi, los sobresueldos y computadoras irregulares en la Jurídica, la venta de asesorías al mismo patrono, el traspaso de bienes institucionales a entidades privadas, los nombramientos sin concurso ni requisitos, el hostigamiento en la ODI, los pinchazos telefónicos, la pedofilia en Letras y en fin, una sarta de corruptelas ya documentadas que pueden llevar al exterminio a la más grande universidad del país.

Víctimas impotentes de toda esta crisis, los empleados de la UCR pusieron a circular el años pasado un servicio electrónico firmado “Escuadrón antichorizos y anticorruptos”, donde se recoge toda la atmósfera de descomposición que vive la entidad, pero que al mismo tiempo es una voz anticipatoria de la explosión que se puede venir si se siguen lapidando los recursos del pueblo en gollerías personales y familiares, como si la UCR fuera otro Banco Anglo.

En una asamblea académica me tocó ver cómo una mayoría de alineados, saltándose todas la reglas preestablecidas, se empecinó hasta el histerismo para regalarle condición de docente becario al exterior y reserva de plaza a un alumno que, a la postre, resultó ser el hijo de una Vicerrectora. 

Y resulta que ese beneficiario es a la vez hijo y sobrino de autorecetados exbecarios y primo putativo de otros dos becarios que llevan muchos años en el extranjero viviendo a expensas de la UCR, sin que nadie diga esta boca es mía. En la caótica asamblea, varios profesores se salieron del recinto como protesta, los siguieron los estudiantes y, la directora, que auspició la servil moción, consiguió un inmediato acuerdo firme y presentó en el acto su renuncia!… ¿Y el rector?… Ese debe andar en España.

Cientos de universitarios han optado por huir despavoridos hacia la empresa privada. Pero esa no es la solución. La alternativa está en la lucha. En las nuevas propuestas. En el rescate de la dignidad institucional que nos exige la memoria de Facio, Monge, Azofeifa, Obregón, Jiménez y tantos otros creadores de una UCR mirando al sol.

Y, así, en medio de esta tiniebla, comenzamos el 2003. 

No son buenas señales para el año, pero ya por dicha es el último.