VISTA RÁPIDA DE MADRID CON LIBROS

Por Carlos Morales
Cuando, hace más de 50 años, mi padrino Guido Fernández me auspició el primer viaje a Europa, me conminó para que visitara, sin falta, Madrid…, ¡con Franco y todo! 
Irreverente y rebelde, como dicen que siempre he sido, yo le respondí que no… Le dije que no, porque desde mis años de remota infancia vivía deslumbrado por Darío, por los poetas modernistas, por el atractivo de luces y cultura que para mí representaba la capital del mundo: el París milenario de Julio Verne, de Alejandro Dumas, del expresionismo pictórico, de la generación perdida, del río Sena, del Louvre, de la Tour… Ella era mi objetivo.
El viaje sería corto y quería invertir todo mi tiempo en la ciudad de mis sueños o de mis delirios. ¡Y entonces me brinqué Madrid!

Esta foto tiene la gracia de cumplir 55 años. Desde la Tour se ven al fondo el Grand Pallais y le Petit Pallais. Por estar allí no quise tocar Madrid.


Pero yo sabía que Madrid era la ciudad amiga, filial, hermana de lengua y sangre, y que a ella volvería muchas veces, como en efecto sucedió.
Ahora he regresado a ella a despejar mis penas y a repartir mis libros, y la visita ha sido reparadora, reconfortante, rejuvenecedora. 
Como la recorrí muchas veces junto a María, la conozco bien, y puedo moverme libre por su corazón y alrededores. En verdad su morfología urbana ha cambiado poco, y en su centro se puede decir que nada, por lo menos arquitectónicamente. Del río Manzanares al parque del Retiro o de Alcobendas a Villa Vallecas, la camino con regocijo, aunque ahora con más ayuda del Metro, pues han pasado muchos años y el subterráneo está cada día más joven y tecnológico y el pasajero todo lo contrario.
Cada día más bella, la metrópoli es gigantesca y no se puede pretender cubrirla toda ni en varios meses, pero para el impacto de actualización cultural, que es lo que ando buscando, con el centro me basta y sobra.
Allí casi no reside gente, aunque por sus famosas calles circulen día y noche millones de personas. En el veranillo de San Miguel, a mediados de setiembre, la Gran Vía, Alcalá, Los Jerónimos, Atocha, Montera, plaza España, el Callao y todas sus amplias avenidas de ocho o seis carriles, eran un amasijo de almas. Por cierto, bien destacable, mujeres bellísimas de pantaloncitos efímeros que podían venir de los suburbios o de Finlandia o de cualquier parte del Mundo.
Cinco millones de turistas la han recorrido en este primer semestre y 12 millones han pagado por lo menos una noche de hotel. Es una colmena, un hormiguero. Madrid se ha convertido, casi completa, en un gran centro alojamiento para viajeros. El mayor de Europa. 

​Viejos amigos desde los años 70, Sergio Ramírez y Tulita su compañera de vida, se llevaron los libros de Prisma para su mesa de noche. Tal vez los lean.

En Lavapiés me junté con Rafael Solís y Ericka Guillén, colegas que alabaron Es la historia de un amor…


​Como el turismo es el gran motor de sus ingresos, la ciudad se ha adaptado a una economía de servicios y los viejos hogares ancestrales que nos retrata la telenovela Cuéntame cómo pasó, ya no existen. Se han transformado en hoteles, pensiones, hosteles, hostales, Inns, en fin, tipos diversos de acogida que, remodelados ligeramente en su estructura, aprovechan el auge del Airbnb y convierten en Euros lo que antes era solo el placer de compartir la vida familiar. Toda una revolución, con sus beneficios y congojas.
Es el fenómeno de la gentrificación, que ya despierta querellas y marchas en Barcelona, Zaragoza y Canarias. Hay un notable influjo del extranjero. Es el que paga y, por tanto, el que manda. Los atractivos de la legendaria Magerit, fundada por los musulmanes en el siglo IX, su clima, su paisaje y su Museo del Prado, hacen que el imán siga aumentando. La guapa Presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso, la mantiene viva, vibrante y llena de encantos para el visitante. Lástima que en visión política no tenga esa lucidez.
La oferta cultural es impresionante y se da lo mismo en el Reina Sofía a 20 dólares la entrada, que en la plaza Mayor o en Sol y Callao, sin tener que pagar nada. Y esos shows callejeros van desde malabaristas ucranianos con bolas de colores, hasta ensembles de música clásica que interpretan a Vivaldi. Sin faltar la masiva marcha diaria por el pueblo palestino o bien por la protección de los animales y en contra de la tauromaquia, única en la que pude participar a pesar de que siempre me gustó esa tradición hasta que mi fallecida esposa me la fue quitando con la dulzura de sus ojos zarcos.

Los escritores Francisco Garzón Céspedes y Víctor Martínez, españoles, hablarán allá de nuestros libros.

En la Feria del Libro de Recoletos, que tiene efecto en setiembre, quedaron varios puestos con esa novela que el actor de cine Txema Sandoval leía en su quiosco librero.


​El teatro mantiene monumental oferta todo el año, con obras propias o importadas y mucho musical. Están en cartelera El Rey León, que lleva añales, Los miserables, Witcked, Cabaret, El gran Nino y se duplicarán los títulos para octubre.
Me pareció que, debido a los festivales de cine de estas fechas (Canes, San Sebastián, etc.) la cartelera teatral se movió un poco hacia octubre, que es cuando viene el fuerte de estrenos. Aun así da para mucho, y pude ver Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, en Bellas Artes, que me pareció un montaje retador, buena escenografía y de temática burguesa sin faltar lo gay.
También encontré en El Alcázar la comedia argentina Un dios salvaje que resulta apenas divertida. Evidentemente no pude ir a La Latina ni al Centro Colón, ni a cientos de escenarios más que ya mis piernas no alcanzan.
El cine español es de lo mejor que se hace en el mundo y cada mes hay algún festival. No pude ver Sirat, ganadora de Cannes y candidata al Oscar por España, ni Los domingos o Más Palomas, que arrasaron en San Sebastián y Canarias. De  esos títulos se hablará todo el año.

Rogelio Chacón, cineasta y Katiana Murillo, ticos en Madrid, también leerán nuestra última novela. Ojalá les guste.

​Estas son las bellezas que se ven en la vieja Madrid.


​La tendencia wok que le critican al gobierno de Pedro Sánchez, puede traer reacciones negativas, pues las concesiones al feminismo ultra, a la comunidad LGBTIQA+ ya despierta violenta reacción en contra y terminará dañando lo que pretendía defender, como pasó aquí con la rebelión de las avispas.
Se exagera el tono, y una bella película de Alejandro Amenábar, El Cautivo, se toma la libertad de representar a don Miguel de Cervantes como un homosexual declarado en su cautiverio de Argel. La licencia poética está en su derecho de intentar lo novedoso, lo atrevido, pero aparte de resultar inverosímil, en este caso parece una concesión a la caja registradora, lo cual le resta valor histórico al filme. Acaso la peli que viene no será tal vez sobre Jesucristo, que:  como nunca se casó… O quizás otra sobre el Buda, que también se veía muy solito por sus andurriales de la India.

Armadura de Carlos IV en el nuevo museo de las Colecciones Reales. Espectacular obra arquitéctonica.

Afiche de El cautivo, nueva película de Alejandro Amenábar, de estreno en España


​En todo caso, la ciudad brinda una oferta cultural variada y magnetizante, por lo que mientras la bestia Trump domine las fronteras de Broadway, y sus alrededores, podemos ir pensando en cambiar la ruta y les garantizo que puede resultar mejor y en nuestro bello idioma. De por sí acá viene todo lo de New York y además lo de Buenos Aires, si el cretino de Milei no lo amedrenta más.
El clima anda un poco loco eso sí. Antes cada estación estaba en lo suyo. Ahora no. Esta vez, entrado el otoño, la ciudad soportaba 37 grados Celsius, pleno verano; y de un momento a otro, bajó a 9 grados en la mañana. Frío del carajo.
Entonces una bolsita para cargar chaqueta o paraguas y a repartir los libros, que de eso se trata.
Sin ningún apoyo de medios informativos, ni de la embajada de Costa Rica que dicen que es menos que nada desde hace años, logré muchos contactos interesantes que podrán originar noticias a futuro y que dejo documentados en la serie de fotos, incluida la que algún fantasma me captó en la Tour Eiffel en ese 1970 de mi primera incursión parisina y que ha rescatado mi hermana de algún baúl añejo.
Au revoir.

La tradicional foto del lago en parque del Buen Retiro siempre es agradable visitarlo.

LA TRANSPARENCIA DE JÖEL DICKER

Este artículo está para publicarse en los próximos días en el Semanario Universidad, en la revista Archipiélago de la UNAM y en el ElJornal.com.

Lo ofrecemos aquí como un adelanto a los seguidores del autor.

Carlos Morales

En el gremio de los escritores existe un axioma que se repite con frecuencia: “no importa lo que cuentes, lo que importa es la forma como lo cuentas”. Esto quiere decir que, no es tan importante el tema o la trama que poseas, como la forma en que logres narrarla. Es decir, importa el contenido, pero más importa el continente.
En parte es algo cierto, pero no totalmente; porque una cosa es ese librito bien difundido que se llama El principito, y otra cosa es ese monumento literario inigualable, que se llama Crimen y castigo… Como dicen los mexicanos: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Lo que sí es definitivo es que la forma en que está escrito un libro es determinante para su éxito, comprensión y valía, por lo que los autores han vivido eternamente preocupados de la forma, de ese sistema de narrar que seduce, que atrapa al lector, que todo lo puede. Al extremo de que el gran maestro francés Gustave Flaubert, soñaba con escribir un libro que fuera un arte de pura forma, como la música, sin anécdota, sin historia (¡!). 
No he sabido de alguien que lo haya logrado, pero sí de muchos que lo han intentado.
El novelista policiaco Jöel Dicker (Suiza 1985) ha sido considerado el fenómeno literario más explosivo de los últimos decenios. Tiene publicadas ocho obras y ha sido traducido a 42 lenguas. Se calcula en 22 millones el número de sus lectores.
Triunfador de todos los premios grandes que en Europa han sido, comenzando por el Goncourt, vivió buen tiempo en los Estados Unidos, y lo mismo escribe en inglés, en francés, y un poco en español.
No lo conozco personalmente, pero lo he leído tanto y apreciado en sus entrevistas de vídeo, que me parece muy cercano. Es lo que pasa con los escritores grandes.
Originalmente Dicker es un narrador de trillers, es decir, un policiaco, pero por su edad, no es tan discípulo de los clásicos Raymond Chandler y Dashiell Hammett, como de las modernas teleseries escandinavas, de donde pareciera alimentarse buena parte de su producción.
Como no soy un lector asiduo de novelas policiacas, debo explicar que en su literatura encontré valores agregados que me hicieron seguirlo e indagarlo. Incluso –si quieren– convertirme en su fan.
Por ejemplo, la nitidez de su lenguaje (bien traducido, pues lo leo en español) asociada a la sencillez de sus expresiones, las cuales van siempre dirigidas a un objetivo concreto y nunca tratan de impresionar gratuitamente al lector ni de pavonearse con el estilo, cosa algo usual en los postmodernos franceses de ingrata memoria. Tampoco abundan en sus libros la sangre, la violencia, o el morbo sexual. Es –para decirlo de alguna manera– un estilo de novela negra pero bastante blanca.
Desde su primera incursión, con Los últimos días de nuestros padres(Premio Ginebra 2012), Dicker se ha internado en historias policiacas de profundo valor humano y sofisticadas tramas que mágicamente se deslindan al final en un portentoso y laberíntico viaje de inteligencia, acertijos matemáticos y románticas relaciones que comprometen al lector hasta en lo más hondo de su sensibilidad. Su detallismo es prodigioso y sus alcances humorísticos le aportan un toque crítico frente a la sociedad actual.
Hasta aquí lo que quiero decir es que Jöel Dicker es un seductor de la palabra. Nació con el don del gran relator, capaz de envolver al público en sus imaginarias fantasías criminales, y dejarle al final un gusto cristalino por la eficacia conceptual, lo estético de su discurso y la musicalidad de su narrativa.
Bueno, pues en su nueva novela, La muy catastrófica visita al zoo (abril 2025), el artista decide explorar otros caminos, lo cual me encanta. Pero no tanto.
Rompe de un tajo con su línea de deducción criminalística, geográficamente instalada en los Estados Unidos o Ginebra, para aterrizar en un kínder de niños discapacitados o especiales, sin expresa ubicación de nacionalidad.
Y aquí viene lo bueno: el autor decide desmantelar todos los eventos y recursos narrativos de los siete trillers que lo ocuparon antes y, en vez de crímenes y muertes, tratar de seducir al lector con una historia intrascendente de seis niños, que se pierden en un zoológico después de ver inundados los lavatorios de su kindergarden y tratar de descubrir quién fue el que los tapó con plastilina. ¡Más insignificante no puede ser la trama!
Para más inocencia y levedad, los chicos son todos víctimas de alguna discapacidad, y la historia es contada por Josephine, una niña de escasos diez años, en la mesa del comedor ante sus padres y un plato de sopa. Más inofensiva y poco trascendente no podía ser.
Sin embargo, y aquí viene lo potente: el autor logra persuadir al público con su relato, con los mínimos incidentes que ocurren en aquel kínder de enfermitos y lanzar unos cuantos flechazos a la sociedad modernas con sus ataques a la democracia, a la libertad, a la educación y a la realización plena de los ciudadanos.
Además de lo cristalino de su estilo, me encanta su intento por desmontar la novela policiaca con una arquitectura similar. Algo así como hizo nuestro venerado Cervantes con las novelas de caballería del siglo XIV.
No es para nada el mejor libro de Dicker, pero su intento por convencernos con una historia pueril parece tener sentido en su declarado afán de acercar nuevos públicos a la lectura y por depurar un estilo transparente, donde la forma casi logra lo que el contenido no puede, pues, aunque no está del todo ausente, es bastante inocuo.
Dice Dicker que lo escribió para lectores de los 6 a los 120 años y, por los millones de ellos que ha seducido, parece que lo va logrando. La envidia es que él mismo tiene apenas 39, y quien firma va alcanzando ya el nivel del piso ocho.

Moravia, mayo 2025.

La muy catastrófica visita al zoo
Jöel Dicker
Alfaguara 2025
224 páginas.

Catedráticos de Colombia y Costa Rica opinan acerca de Es la historia de un amor…

GONZALO MEDINA PÉREZ, Catedrático en Comunicación Social por la Universidad de Antioquia.

Querido Carlos. Leí tu historia de amor y, de entrada, no lo dudé un momento: renuncié a la arquitectura de la novela como mi centro de interés en calidad de lector y, poco a poco, me dejé llevar por los sentimientos duramente encontrados que despliega tu relato: la conquista de Sofía, la entrega total inevitable, los momentos vividos a lo largo de 50 años intensos que confluyeron en un desenlace del que, luego de la lectura, aún no me repongo: ya sabes a cuál me refiero…me cuesta describirlo. Sobre todo cuando me remito a la narración sobrecogedora de la página 108: me pongo en tu lugar y reconozco mi cobardía no solo para imaginar lo que sentiste, sino para pensar por un instante en ser yo quien se chocara contra tan implacable celada que, con toda su crueldad, te tendió la vida. En ese pasaje de tu narración -tal vez para hacer más duro el impacto que recibí al leer aquel-, regresé por instinto a la página 35 y releí:
 “Semejaba una sílfide del Olimpo, o tal vez Terpsícore, la musa de la danza. Su rostro era de una simetría perfecta, pero quizás eran sus ojos, grandes, almendrados, par de luminarias de azul cambiante, según la luz que tuvieran, los que la convertían en una beldad casi etérea. Su cuerpo, muy delgado, pero perfectamente modelado, un fino cuello de Bernini o de Boticelli. Su cabello largo y negro le caía hasta los hombros y su piel sedosa, entre transparente y brillante, parecía como de cristal pulido. Una flor turquesa diminuta, en cada oreja, le duplicaban la mirada, y su sonrisa serena era como para calmar a un dinosaurio”. A pesar de que en el libro lo cuentas, no puedo dejar de preguntarme y preguntarte: ¿Cómo te has sobrepuesto, apreciado amigo? Sobre todo cuando ya no contabas con Sofía.
Carlos: es por ello que afirmo que tu historia de amor es una que trasciende la muerte, porque junto con tus hijos y toda tu familia y con la fuerza que inspiró el sentimiento de Sofía -ausente y a la vez presente- fuiste capaz de exorcizarla. 
Las vivencias y las propias lecturas -pero sobre todo las primeras- nos obligan, a quienes posamos de racionales, a abrirle la hendija del pensamiento a aquello que, asombrados, solo nos permite definirlo con una pregunta: ¿qué es? ¿Por qué es? ¿Qué será?, tal el título de la canción del brasileño Chico Buarque y que más conocemos en la versión de Willie Colón. Con ello comparto tu asombro ante el milagro -no hay otra palabra- que vivieron en el aeropuerto de Nueva York con el taxista pakistaní mostrándote tu bolso con los ya inalcanzables pasaportes. Pienso que hoy ese acontecimiento -incluida la respuesta de Sofía cuando definió aquello como “milagro”-, te acerca y te hace sentir más cerca y viva la presencia de Sofía. Gracias por compartirme este homenaje sentido a quien seguirá presente en ti hasta el último segundo de tu vida…o, a propósito, más allá de ella. Abrazo fraterno y todo mi reconocimiento, estimado Carlos.


CARLOS CORTÉS, Catedrático de literatura en Estudios Generales, UCR.

Querido Carlos: 
Muchas gracias por la presentación de anoche. Acabo de terminar de leer tu libro. Desde que te conocí, en casa de Carlos Catania, noté que incluso el timbre de voz te cambiaba cuando pronunciabas el nombre de María o de La Macha, como una emoción que te reverberaba por dentro. Ese es el tono con el que está escrito el libro como un acto de supervivencia y de redención.  
Ahora que se acerca la Semana Santa no me olvidaré nunca de la Semana Santa del año pasado cuando nos invitaste a la casa y vi a María por última vez. Me impresionó su fuerza y esa alegría de vivir con la que llenás las páginas de tu libro y que abarcó la vida total que compartieron. 
Ante el absoluto misterio de la vida y de la muerte es muy poco lo que puedo decirte salvo agradecerte por un libro escrito con sangre, como dijiste anoche, con las vísceras, que está a la altura de todo lo que en el mundo puede llamarse amor, el más puro amor.


GERARDO CONTRERAS, catedrático de historia por la UCR
Leer y a la vez reflexionar, sobre la reciente novela-testimonio de Carlos Morales, es en definitiva pensar y repensar sobre esos dos grandes paradigmas: la vida y la muerte.
Sin la menor duda para el lector, esta obra es un homenaje a ultranza sobre la PERSONA AMADA, como también una manera muy sui géneris de vivir el duelo, que no es cualquier duelo.
La Señora María, fue, a decir verdad, lo que su esposo Carlos Morales, escribe letra a letra, palabra a palabra.
Una MUJER empoderada, posicionada de sus roles, desde una perspectiva muy sensata de lo que suele denominarse Perspectiva de Género.
Ella, nos narra el autor, cumplió a cabalidad sus sueños, sus deseos, nunca se dejó amilanar por circunstancias adversas.
Vivió la VIDA como debe vivirse, esto es, intensamente, ahí con sus seres queridos, con una conducta prístina, dando ejemplo a cada instante.
La novela, en mi criterio, es una muy buena catarsis del autor ante ese SER SUPERIOR, con la que convivió por espacio de medio siglo.
Creo que leyéndola, todas y todos, aprenderíamos aún más sobre cómo engrandecer el AMOR, en el día a día.


Dr. Juan Diego Castro, catedrático de derecho y seguramente el abogado más famoso del país.

Asistí al “nacimiento” del libro “Es la historia de un amor”, del  novelista Carlos Morales Castro, en la Librería Internacional. Cuando leí cada capítulo de esta vibrante y preciosa novela, recorrí con Sofía y con Alberto Del Río, esos instantes maravillosos, desde la puerta negra hasta la muerte, del enamoramiento hasta el dolor. Otra genial obra de mi apreciado amigo.

EL SHOW MÁS ESTÚPIDO DEL MUNDO

5/1/2022

A damaged car sits at the central square following shelling of the City Hall building in Kharkiv, Ukraine, Tuesday, March 1, 2022.(AP Photo/Pavel Dorogoy)

Con este título se publica hoy en Semanario Universidad un artículo de Carlos Morales sobre la guerra en Ucrania. Un punto de vista algo diferente de FOX, CNN, y de la aquí censurada RT.

Léalo en:
https://semanariouniversidad.com/opinion/el-show-mas-estupido-del-mundo/

Luis Garita – UNA PRESENCIA MUY CONSTANTE

Carlos Morales

El pasado martes 19 de octubre, la Universidad de Costa Rica desvelizó un busto del ex rector Luis Garita Bonilla en la Plaza 24 de abril, y aprovechó la ocasión para rendirle homenaje a uno de sus más devotos servidores.
En apropiados discurso, las autoridades académicas y la hija mayor del homenajeado, Ana Elena Garita Incer, recordaron la trayectoria y generoso servicio que el abogado y economista le prestó al alma máter a lo largo de toda su vida. Esto es más de medio siglo: desde que ingresó a los Estudios Generales, en 1964, hasta que falleció trágicamente, en 2016.
La obra y pensamiento que el doctor Garita le dejó a la UCR es invaluable, y los oradores lo ponderaron debidamente, mas la idea que mejor planteó la relación entre esta universidad y el homenajeado, la dejó caer, con una lágrima furtiva, su hija primogénita, cuando afirmó:  “para mi padre, y para nosotros sus hijos, esta universidad era su casa, y recuerdo bien cuando me traía de la mano a pasear por este campus, donde él trabajaba todo el día¨ (cif).
Nada más cierto.
Luis Garita Bonilla, sin perjuicio de sus otros cargos en la administración pública, sus doctorados en el extranjero, sus vínculos con amigos del alma, o con políticos no tan del alma, y sus exploraciones de paisajes diversos por todo el Mundo, vivió siempre en función de la Universidad de Costa Rica. Casi todo lo puso a girar en torno a ella, y de allí que su legado es monumental, por más que uno se concentre en citar el FEES, la Intranet, la regionalización, el apoyo a la libre expresión, la reforma del Consejo, la FUNDEVI y mil etcéteras más.
Y es gigantesca, porque dejó calor, enseñanzas, sabiduría, sencillez, honestidad y solidaridad humana diseminados por todo el campus, donde empezó a moverse como luchador contra ALCOA en la dirigencia estudiantil, y ascendió hasta el más alto cargo de la institución.
Por todo ello, es hermoso que su bien moldeado rostro se luzca hoy en esa plaza de las libertades donde comenzaron sus luchas de universitario, y se vuelva, exactamente allí, una presencia constante.
Es muy posible ahora, que su nueva residencia física en esos jardines, vea pasar algún día a Ana Elena o a Juan Daniel o a Eugenia o a Luis Diego, llevando de la mano –como en los viejos tiempos– a alguno de sus hijos o nietos, por esos mismos senderos de sabiduría y honestidad por los que él mismo encaminó a tantos.

Tres amigos de Luis Garita (Sergio Espinoza, Manuel Morales y Carlos Morales) junto al busto recién develizado.

UN FEMINISTA A LA ANTIGUA

El baturro J.A. Segovia, protagonista de COSAS DE MUJERES, la nueva novela de Carlos Morales, admite que ellas han determinado su vida; desde la que lo sacó de las aguas del Ebro, hasta quien lo enterrará en las orillas del Ciruelas. Por eso se declara feminista, o “filóginio”, para no entrar en enredos.

Isabella, Violeta, Margarita, Dalia, Chury, Sofía y veinte más, definirán su ruta, y él las recordará a todas, para bien o para mal, en unas memorias que están llenas de amor y de nostalgias en un solo hilo vital que cruza todo el siglo pasado.

​Se publicará en enero.

Un pasito pa’trás

–III–

Carlos Morales

Con un amigo querido, que sabe mucho de política, vengo debatiendo, desde hace años, la viabilidad y futuro del PAC como partido; tanto para las calles como para las elecciones, y ahora ya como gobierno.

Mi amigo –ahora ex dirigente del PAC– me contradijo siempre sobre el futuro de su organización, que se cimentó en la lucha del referéndum contra el TLC y que sembró allí todas sus posibilidades de triunfo para las elecciones del 2014.

Mi tesis, que ya expuse en un artículo anterior (véase El accidente Solís, en carlosmoralescr.com) era, y es, que esa organización no es un partido político desde 2010, sino un rejuntado electorero sin futuro promisorio.

Él, también ex militante de la izquierda, sostuvo que el PAC no tiene por qué ser un partido, sino que es lo que en política “progre” llaman un frente, es decir, una especie de alianza de fuerzas afines, como sería el Frente Amplio de Uruguay.

Con esa tesis, él se sintió vencedor de nuestro largo debate, al resultar el PAC premiado en las presidenciales del 2014, y lo atribuyó a “carisma del candidato, una “excelente campaña y una poderosa organización”.

Testadura como soy, me mantuve en mis cinco de que el PAC no logró la Presidencia por buenas estrategias  proselitistas sino, principalmente, por la suerte coyuntural que capitalizó el candidato “menos tiznado”, como dicen ahora de Cocorí. Eso está explicado en el artículo que supra cité  y, por tal razón, mi perspectiva sigue siendo pesimista; si bien reconocí varios pasos pa’lante en un segundo texto que también publicó este Semanario. 

Pero ahora, antes de difundir un análisis general que tenía prometido, el ilustre gobierno del PAC se nos dispara con la demolición escandalosa del FIA, un evento internacional que se inició en 1976 y que se ha efectuado con éxito casi todos los años en los gobiernos del PLUSC.

Es increíble que el gobierno del PAC, que empezó periodo embarrialando a todos los del Ministerio de Cultura, que habían realizado con éxito los FIA anteriores, y diciendo que eran malvados, corruptos, traficantes de influencias y no sé cuántas caricias más, venga ahora y se defeque en un evento que tampoco exige mucha cabeza, pues suele colgarse de las giras internacionales que, desde los 70, convocan México, Bogotá y Caracas.

Eso sólo puede ocurrir con un gobierno improvisado, desarticulado, sin cuadros, sin prospectiva, sin humildad para pedir consejo, sin planes, sin políticas culturales. En fin, un gobierno del PAC.

¡Y se hunde el FIA y nadie renuncia! Todos se hacen los majes. Y el presidente los apapacha. 

Los que estarán revolcándose de la risa, son los vilipendiados jerarcas del gobierno anterior, a quienes, por cierto, nunca acusaron judicialmente, si bien se los amenazó el mismo día del traspaso.

Con mi amigo de debates, hoy día alejado del PAC, insistí siempre en que el mayor peligro de este gobierno es acabar en el ridículo; a lo cual parece acercarse con FIAscos como el registrado. Y agregando el del 1 de mayo.

Nombrarán una comisión para ver qué pasó. 

Cómo si no lo supiera todo el mundo: artesanos, músicos, comparsas, vende copos, chicas fiebres del FIA. ¡La orientará la propia Ministra del ramo! Nadie renuncia por dignidad. Despedirán a los culpables más chicos, talvez les den una embajada o un consulado, pero el merengue continúa. Un pasito pa’lante y un pasito pa’trás. ¿Y el cambio?

Se me parece mucho a los escarceos políticos de la UCR de los años 70, cuando también por frustración y mero azar, ganó la presidencia de la FEUCR un saltimbanqui nudista que bailaba chingo en el Pretil ante cientos de estudiantes “jodedores” que llegaban para vacilarlo, aunque él se sentía Nureyev.

Aquello fue algo muy ridículo. Tanto, que hubo que sacarlo por las malas. Y cáiganse ustedes de espaldas, no me lo van a creer: su partido… ¡también se llamaba PAC!

No es broma, investiguen y verán que no miento.