LA TRANSPARENCIA DE JÖEL DICKER

Este artículo está para publicarse en los próximos días en el Semanario Universidad, en la revista Archipiélago de la UNAM y en el ElJornal.com.

Lo ofrecemos aquí como un adelanto a los seguidores del autor.

Carlos Morales

En el gremio de los escritores existe un axioma que se repite con frecuencia: “no importa lo que cuentes, lo que importa es la forma como lo cuentas”. Esto quiere decir que, no es tan importante el tema o la trama que poseas, como la forma en que logres narrarla. Es decir, importa el contenido, pero más importa el continente.
En parte es algo cierto, pero no totalmente; porque una cosa es ese librito bien difundido que se llama El principito, y otra cosa es ese monumento literario inigualable, que se llama Crimen y castigo… Como dicen los mexicanos: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Lo que sí es definitivo es que la forma en que está escrito un libro es determinante para su éxito, comprensión y valía, por lo que los autores han vivido eternamente preocupados de la forma, de ese sistema de narrar que seduce, que atrapa al lector, que todo lo puede. Al extremo de que el gran maestro francés Gustave Flaubert, soñaba con escribir un libro que fuera un arte de pura forma, como la música, sin anécdota, sin historia (¡!). 
No he sabido de alguien que lo haya logrado, pero sí de muchos que lo han intentado.
El novelista policiaco Jöel Dicker (Suiza 1985) ha sido considerado el fenómeno literario más explosivo de los últimos decenios. Tiene publicadas ocho obras y ha sido traducido a 42 lenguas. Se calcula en 22 millones el número de sus lectores.
Triunfador de todos los premios grandes que en Europa han sido, comenzando por el Goncourt, vivió buen tiempo en los Estados Unidos, y lo mismo escribe en inglés, en francés, y un poco en español.
No lo conozco personalmente, pero lo he leído tanto y apreciado en sus entrevistas de vídeo, que me parece muy cercano. Es lo que pasa con los escritores grandes.
Originalmente Dicker es un narrador de trillers, es decir, un policiaco, pero por su edad, no es tan discípulo de los clásicos Raymond Chandler y Dashiell Hammett, como de las modernas teleseries escandinavas, de donde pareciera alimentarse buena parte de su producción.
Como no soy un lector asiduo de novelas policiacas, debo explicar que en su literatura encontré valores agregados que me hicieron seguirlo e indagarlo. Incluso –si quieren– convertirme en su fan.
Por ejemplo, la nitidez de su lenguaje (bien traducido, pues lo leo en español) asociada a la sencillez de sus expresiones, las cuales van siempre dirigidas a un objetivo concreto y nunca tratan de impresionar gratuitamente al lector ni de pavonearse con el estilo, cosa algo usual en los postmodernos franceses de ingrata memoria. Tampoco abundan en sus libros la sangre, la violencia, o el morbo sexual. Es –para decirlo de alguna manera– un estilo de novela negra pero bastante blanca.
Desde su primera incursión, con Los últimos días de nuestros padres(Premio Ginebra 2012), Dicker se ha internado en historias policiacas de profundo valor humano y sofisticadas tramas que mágicamente se deslindan al final en un portentoso y laberíntico viaje de inteligencia, acertijos matemáticos y románticas relaciones que comprometen al lector hasta en lo más hondo de su sensibilidad. Su detallismo es prodigioso y sus alcances humorísticos le aportan un toque crítico frente a la sociedad actual.
Hasta aquí lo que quiero decir es que Jöel Dicker es un seductor de la palabra. Nació con el don del gran relator, capaz de envolver al público en sus imaginarias fantasías criminales, y dejarle al final un gusto cristalino por la eficacia conceptual, lo estético de su discurso y la musicalidad de su narrativa.
Bueno, pues en su nueva novela, La muy catastrófica visita al zoo (abril 2025), el artista decide explorar otros caminos, lo cual me encanta. Pero no tanto.
Rompe de un tajo con su línea de deducción criminalística, geográficamente instalada en los Estados Unidos o Ginebra, para aterrizar en un kínder de niños discapacitados o especiales, sin expresa ubicación de nacionalidad.
Y aquí viene lo bueno: el autor decide desmantelar todos los eventos y recursos narrativos de los siete trillers que lo ocuparon antes y, en vez de crímenes y muertes, tratar de seducir al lector con una historia intrascendente de seis niños, que se pierden en un zoológico después de ver inundados los lavatorios de su kindergarden y tratar de descubrir quién fue el que los tapó con plastilina. ¡Más insignificante no puede ser la trama!
Para más inocencia y levedad, los chicos son todos víctimas de alguna discapacidad, y la historia es contada por Josephine, una niña de escasos diez años, en la mesa del comedor ante sus padres y un plato de sopa. Más inofensiva y poco trascendente no podía ser.
Sin embargo, y aquí viene lo potente: el autor logra persuadir al público con su relato, con los mínimos incidentes que ocurren en aquel kínder de enfermitos y lanzar unos cuantos flechazos a la sociedad modernas con sus ataques a la democracia, a la libertad, a la educación y a la realización plena de los ciudadanos.
Además de lo cristalino de su estilo, me encanta su intento por desmontar la novela policiaca con una arquitectura similar. Algo así como hizo nuestro venerado Cervantes con las novelas de caballería del siglo XIV.
No es para nada el mejor libro de Dicker, pero su intento por convencernos con una historia pueril parece tener sentido en su declarado afán de acercar nuevos públicos a la lectura y por depurar un estilo transparente, donde la forma casi logra lo que el contenido no puede, pues, aunque no está del todo ausente, es bastante inocuo.
Dice Dicker que lo escribió para lectores de los 6 a los 120 años y, por los millones de ellos que ha seducido, parece que lo va logrando. La envidia es que él mismo tiene apenas 39, y quien firma va alcanzando ya el nivel del piso ocho.

Moravia, mayo 2025.

La muy catastrófica visita al zoo
Jöel Dicker
Alfaguara 2025
224 páginas.

Catedráticos de Colombia y Costa Rica opinan acerca de Es la historia de un amor…

GONZALO MEDINA PÉREZ, Catedrático en Comunicación Social por la Universidad de Antioquia.

Querido Carlos. Leí tu historia de amor y, de entrada, no lo dudé un momento: renuncié a la arquitectura de la novela como mi centro de interés en calidad de lector y, poco a poco, me dejé llevar por los sentimientos duramente encontrados que despliega tu relato: la conquista de Sofía, la entrega total inevitable, los momentos vividos a lo largo de 50 años intensos que confluyeron en un desenlace del que, luego de la lectura, aún no me repongo: ya sabes a cuál me refiero…me cuesta describirlo. Sobre todo cuando me remito a la narración sobrecogedora de la página 108: me pongo en tu lugar y reconozco mi cobardía no solo para imaginar lo que sentiste, sino para pensar por un instante en ser yo quien se chocara contra tan implacable celada que, con toda su crueldad, te tendió la vida. En ese pasaje de tu narración -tal vez para hacer más duro el impacto que recibí al leer aquel-, regresé por instinto a la página 35 y releí:
 “Semejaba una sílfide del Olimpo, o tal vez Terpsícore, la musa de la danza. Su rostro era de una simetría perfecta, pero quizás eran sus ojos, grandes, almendrados, par de luminarias de azul cambiante, según la luz que tuvieran, los que la convertían en una beldad casi etérea. Su cuerpo, muy delgado, pero perfectamente modelado, un fino cuello de Bernini o de Boticelli. Su cabello largo y negro le caía hasta los hombros y su piel sedosa, entre transparente y brillante, parecía como de cristal pulido. Una flor turquesa diminuta, en cada oreja, le duplicaban la mirada, y su sonrisa serena era como para calmar a un dinosaurio”. A pesar de que en el libro lo cuentas, no puedo dejar de preguntarme y preguntarte: ¿Cómo te has sobrepuesto, apreciado amigo? Sobre todo cuando ya no contabas con Sofía.
Carlos: es por ello que afirmo que tu historia de amor es una que trasciende la muerte, porque junto con tus hijos y toda tu familia y con la fuerza que inspiró el sentimiento de Sofía -ausente y a la vez presente- fuiste capaz de exorcizarla. 
Las vivencias y las propias lecturas -pero sobre todo las primeras- nos obligan, a quienes posamos de racionales, a abrirle la hendija del pensamiento a aquello que, asombrados, solo nos permite definirlo con una pregunta: ¿qué es? ¿Por qué es? ¿Qué será?, tal el título de la canción del brasileño Chico Buarque y que más conocemos en la versión de Willie Colón. Con ello comparto tu asombro ante el milagro -no hay otra palabra- que vivieron en el aeropuerto de Nueva York con el taxista pakistaní mostrándote tu bolso con los ya inalcanzables pasaportes. Pienso que hoy ese acontecimiento -incluida la respuesta de Sofía cuando definió aquello como “milagro”-, te acerca y te hace sentir más cerca y viva la presencia de Sofía. Gracias por compartirme este homenaje sentido a quien seguirá presente en ti hasta el último segundo de tu vida…o, a propósito, más allá de ella. Abrazo fraterno y todo mi reconocimiento, estimado Carlos.


CARLOS CORTÉS, Catedrático de literatura en Estudios Generales, UCR.

Querido Carlos: 
Muchas gracias por la presentación de anoche. Acabo de terminar de leer tu libro. Desde que te conocí, en casa de Carlos Catania, noté que incluso el timbre de voz te cambiaba cuando pronunciabas el nombre de María o de La Macha, como una emoción que te reverberaba por dentro. Ese es el tono con el que está escrito el libro como un acto de supervivencia y de redención.  
Ahora que se acerca la Semana Santa no me olvidaré nunca de la Semana Santa del año pasado cuando nos invitaste a la casa y vi a María por última vez. Me impresionó su fuerza y esa alegría de vivir con la que llenás las páginas de tu libro y que abarcó la vida total que compartieron. 
Ante el absoluto misterio de la vida y de la muerte es muy poco lo que puedo decirte salvo agradecerte por un libro escrito con sangre, como dijiste anoche, con las vísceras, que está a la altura de todo lo que en el mundo puede llamarse amor, el más puro amor.


GERARDO CONTRERAS, catedrático de historia por la UCR
Leer y a la vez reflexionar, sobre la reciente novela-testimonio de Carlos Morales, es en definitiva pensar y repensar sobre esos dos grandes paradigmas: la vida y la muerte.
Sin la menor duda para el lector, esta obra es un homenaje a ultranza sobre la PERSONA AMADA, como también una manera muy sui géneris de vivir el duelo, que no es cualquier duelo.
La Señora María, fue, a decir verdad, lo que su esposo Carlos Morales, escribe letra a letra, palabra a palabra.
Una MUJER empoderada, posicionada de sus roles, desde una perspectiva muy sensata de lo que suele denominarse Perspectiva de Género.
Ella, nos narra el autor, cumplió a cabalidad sus sueños, sus deseos, nunca se dejó amilanar por circunstancias adversas.
Vivió la VIDA como debe vivirse, esto es, intensamente, ahí con sus seres queridos, con una conducta prístina, dando ejemplo a cada instante.
La novela, en mi criterio, es una muy buena catarsis del autor ante ese SER SUPERIOR, con la que convivió por espacio de medio siglo.
Creo que leyéndola, todas y todos, aprenderíamos aún más sobre cómo engrandecer el AMOR, en el día a día.


Dr. Juan Diego Castro, catedrático de derecho y seguramente el abogado más famoso del país.

Asistí al “nacimiento” del libro “Es la historia de un amor”, del  novelista Carlos Morales Castro, en la Librería Internacional. Cuando leí cada capítulo de esta vibrante y preciosa novela, recorrí con Sofía y con Alberto Del Río, esos instantes maravillosos, desde la puerta negra hasta la muerte, del enamoramiento hasta el dolor. Otra genial obra de mi apreciado amigo.

EL SHOW MÁS ESTÚPIDO DEL MUNDO

5/1/2022

A damaged car sits at the central square following shelling of the City Hall building in Kharkiv, Ukraine, Tuesday, March 1, 2022.(AP Photo/Pavel Dorogoy)

Con este título se publica hoy en Semanario Universidad un artículo de Carlos Morales sobre la guerra en Ucrania. Un punto de vista algo diferente de FOX, CNN, y de la aquí censurada RT.

Léalo en:
https://semanariouniversidad.com/opinion/el-show-mas-estupido-del-mundo/

Luis Garita – UNA PRESENCIA MUY CONSTANTE

Carlos Morales

El pasado martes 19 de octubre, la Universidad de Costa Rica desvelizó un busto del ex rector Luis Garita Bonilla en la Plaza 24 de abril, y aprovechó la ocasión para rendirle homenaje a uno de sus más devotos servidores.
En apropiados discurso, las autoridades académicas y la hija mayor del homenajeado, Ana Elena Garita Incer, recordaron la trayectoria y generoso servicio que el abogado y economista le prestó al alma máter a lo largo de toda su vida. Esto es más de medio siglo: desde que ingresó a los Estudios Generales, en 1964, hasta que falleció trágicamente, en 2016.
La obra y pensamiento que el doctor Garita le dejó a la UCR es invaluable, y los oradores lo ponderaron debidamente, mas la idea que mejor planteó la relación entre esta universidad y el homenajeado, la dejó caer, con una lágrima furtiva, su hija primogénita, cuando afirmó:  “para mi padre, y para nosotros sus hijos, esta universidad era su casa, y recuerdo bien cuando me traía de la mano a pasear por este campus, donde él trabajaba todo el día¨ (cif).
Nada más cierto.
Luis Garita Bonilla, sin perjuicio de sus otros cargos en la administración pública, sus doctorados en el extranjero, sus vínculos con amigos del alma, o con políticos no tan del alma, y sus exploraciones de paisajes diversos por todo el Mundo, vivió siempre en función de la Universidad de Costa Rica. Casi todo lo puso a girar en torno a ella, y de allí que su legado es monumental, por más que uno se concentre en citar el FEES, la Intranet, la regionalización, el apoyo a la libre expresión, la reforma del Consejo, la FUNDEVI y mil etcéteras más.
Y es gigantesca, porque dejó calor, enseñanzas, sabiduría, sencillez, honestidad y solidaridad humana diseminados por todo el campus, donde empezó a moverse como luchador contra ALCOA en la dirigencia estudiantil, y ascendió hasta el más alto cargo de la institución.
Por todo ello, es hermoso que su bien moldeado rostro se luzca hoy en esa plaza de las libertades donde comenzaron sus luchas de universitario, y se vuelva, exactamente allí, una presencia constante.
Es muy posible ahora, que su nueva residencia física en esos jardines, vea pasar algún día a Ana Elena o a Juan Daniel o a Eugenia o a Luis Diego, llevando de la mano –como en los viejos tiempos– a alguno de sus hijos o nietos, por esos mismos senderos de sabiduría y honestidad por los que él mismo encaminó a tantos.

Tres amigos de Luis Garita (Sergio Espinoza, Manuel Morales y Carlos Morales) junto al busto recién develizado.

UN FEMINISTA A LA ANTIGUA

El baturro J.A. Segovia, protagonista de COSAS DE MUJERES, la nueva novela de Carlos Morales, admite que ellas han determinado su vida; desde la que lo sacó de las aguas del Ebro, hasta quien lo enterrará en las orillas del Ciruelas. Por eso se declara feminista, o “filóginio”, para no entrar en enredos.

Isabella, Violeta, Margarita, Dalia, Chury, Sofía y veinte más, definirán su ruta, y él las recordará a todas, para bien o para mal, en unas memorias que están llenas de amor y de nostalgias en un solo hilo vital que cruza todo el siglo pasado.

​Se publicará en enero.

Un pasito pa’trás

–III–

Carlos Morales

Con un amigo querido, que sabe mucho de política, vengo debatiendo, desde hace años, la viabilidad y futuro del PAC como partido; tanto para las calles como para las elecciones, y ahora ya como gobierno.

Mi amigo –ahora ex dirigente del PAC– me contradijo siempre sobre el futuro de su organización, que se cimentó en la lucha del referéndum contra el TLC y que sembró allí todas sus posibilidades de triunfo para las elecciones del 2014.

Mi tesis, que ya expuse en un artículo anterior (véase El accidente Solís, en carlosmoralescr.com) era, y es, que esa organización no es un partido político desde 2010, sino un rejuntado electorero sin futuro promisorio.

Él, también ex militante de la izquierda, sostuvo que el PAC no tiene por qué ser un partido, sino que es lo que en política “progre” llaman un frente, es decir, una especie de alianza de fuerzas afines, como sería el Frente Amplio de Uruguay.

Con esa tesis, él se sintió vencedor de nuestro largo debate, al resultar el PAC premiado en las presidenciales del 2014, y lo atribuyó a “carisma del candidato, una “excelente campaña y una poderosa organización”.

Testadura como soy, me mantuve en mis cinco de que el PAC no logró la Presidencia por buenas estrategias  proselitistas sino, principalmente, por la suerte coyuntural que capitalizó el candidato “menos tiznado”, como dicen ahora de Cocorí. Eso está explicado en el artículo que supra cité  y, por tal razón, mi perspectiva sigue siendo pesimista; si bien reconocí varios pasos pa’lante en un segundo texto que también publicó este Semanario. 

Pero ahora, antes de difundir un análisis general que tenía prometido, el ilustre gobierno del PAC se nos dispara con la demolición escandalosa del FIA, un evento internacional que se inició en 1976 y que se ha efectuado con éxito casi todos los años en los gobiernos del PLUSC.

Es increíble que el gobierno del PAC, que empezó periodo embarrialando a todos los del Ministerio de Cultura, que habían realizado con éxito los FIA anteriores, y diciendo que eran malvados, corruptos, traficantes de influencias y no sé cuántas caricias más, venga ahora y se defeque en un evento que tampoco exige mucha cabeza, pues suele colgarse de las giras internacionales que, desde los 70, convocan México, Bogotá y Caracas.

Eso sólo puede ocurrir con un gobierno improvisado, desarticulado, sin cuadros, sin prospectiva, sin humildad para pedir consejo, sin planes, sin políticas culturales. En fin, un gobierno del PAC.

¡Y se hunde el FIA y nadie renuncia! Todos se hacen los majes. Y el presidente los apapacha. 

Los que estarán revolcándose de la risa, son los vilipendiados jerarcas del gobierno anterior, a quienes, por cierto, nunca acusaron judicialmente, si bien se los amenazó el mismo día del traspaso.

Con mi amigo de debates, hoy día alejado del PAC, insistí siempre en que el mayor peligro de este gobierno es acabar en el ridículo; a lo cual parece acercarse con FIAscos como el registrado. Y agregando el del 1 de mayo.

Nombrarán una comisión para ver qué pasó. 

Cómo si no lo supiera todo el mundo: artesanos, músicos, comparsas, vende copos, chicas fiebres del FIA. ¡La orientará la propia Ministra del ramo! Nadie renuncia por dignidad. Despedirán a los culpables más chicos, talvez les den una embajada o un consulado, pero el merengue continúa. Un pasito pa’lante y un pasito pa’trás. ¿Y el cambio?

Se me parece mucho a los escarceos políticos de la UCR de los años 70, cuando también por frustración y mero azar, ganó la presidencia de la FEUCR un saltimbanqui nudista que bailaba chingo en el Pretil ante cientos de estudiantes “jodedores” que llegaban para vacilarlo, aunque él se sentía Nureyev.

Aquello fue algo muy ridículo. Tanto, que hubo que sacarlo por las malas. Y cáiganse ustedes de espaldas, no me lo van a creer: su partido… ¡también se llamaba PAC!

No es broma, investiguen y verán que no miento.

El Accidente Solís

Estras cifras corresponden al 19 de enero de 2014. Ya el PAC había subido un poquito.

Por Carlos Morales

No debería sorprender tanto que, al terminar al primer año de gobierno de la administración PAC, casi todos los índices e instituciones del país anden manga por hombro o, cuando menos, no encuentren el rumbo deseado, ni tampoco el prometido durante la campaña electoral.

No debería sorprender este caos, del que casi todo el mundo se queja (excepto el gobierno, claro), porque la conducción de un estado lleva implícita una estructura ejecutiva, una formación previa de cuadros dirigentes, una construcción de líderes visionarios, una planificación de la gobernabilidad futura, un diseño de plan nacional de desarrollo, una plataforma ideológica y una mística de trabajo en equipo que jamás existió en esas redes que lograron el poder en mayo 2014. Ni en los mejores tiempos de Otón.

Si se hace el razonamiento completo de lo que pasó en las elecciones y de lo que se ha improvisado ahora, ya en el gobierno, podríamos haber adivinado desde hace dos años, los líos que hoy estamos viviendo. Y los que siguen. (Pobreza 20%, déficit fiscal 6.6%, desempleo 9%, fuga de capitales, cierre de empresas, Ad Astra, Jacks, alza de precios, renuncias, promesas incumplidas, casita de cristal, desmentidos, Citibank, contradicciones, etc.)

De aquellos polvos, tales lodos.

Veámoslo con detalle.

Si nos remontamos a diciembre de 2013, el Partido Acción Ciudadana estaba de colero en la tapisca de votos para febrero del 14. Estaba por debajo del partido comunista nostálgico (FA), con un porcentaje para Presidente que no superaba el margen de error en todas las encuestas.

El candidato PAC, un simpático profesor de historia, era desconocido hasta entre los vecinos de su condominio. (“Quiero que Ud. me conozca”, decían sus anuncios). Las posibilidades reales de ganar la primera magistratura eran absolutamente impensables y no se las imaginaba ni el costoso estratega que trajeron de Chile para organizarle las carreritas, con cabezones y cimarrona, por los barrios bajos de San Chepe… (Por cierto que esa estrategia muy poco tuvo que ver con lo que después ocurrió).

El PAC del 2012 fue reconstituido como una voz electoral para luchar contra la corrupción imperante de los últimos gobiernos, aunque después de los tres fracasos con Otón Solís, no era más que un rejuntado de fuerzas disímiles que provienen de cualquier parte y cada una con el disimulado afán de alcanzar predominio en el entarimado que les heredó la campaña contra el TLC y la jugosa deuda política del 2010.  

Pero no existe una ideología compacta ni una estructura sólida, los escasos líderes están agarrados del pelo y, por supuesto, no existe una plataforma de pensamiento por la cual valga la pena conquistar la toma del poder.

Estamos claramente ante una entidad ocasional, oportunista (como todas), que pretende ganar varios diputados y, para ello, rescata del anonimato a un profesor desconocido del mismo modo que, en 1966, se extrajo de la Universidad de Costa Rica al profesor Trejos Fernández. Solo que en esta ocasión hubo que improvisarle a toda carrera un carné militante, pues el escogido había volado siempre en las alas de Liberación Nacional.

Esperanza real de tener éxito no hay, y los puestos de candidatos se fueron rellenando al azar, según lo exigía el Código Electoral. Una señora le dejó su cargo de diputada a la hija, verbigracia.

Y así iban las cosas.

Pero se dan los hechos inesperados de que la campaña se polariza in extremis: por un lado: el candidato triunfador “a quien nadie se la puede quitar”, pero cuyo partido es aborrecido por más de la mitad de los electores, y, por el otro: un joven (disque isquierdoso) sin rabo que le majen que está canalizando todo el voto de protesta y pone en estado de temblorina a las fuerzas reaccionarias del empresariado y la oligarquía. 

Ni el uno ni el otro, dicen las mayorías indecisas. 

Hay un tercero, pero ese no cuenta. Es joven y guapo, pero tiene demasiada cola. Mucho truquillo de campañas viejas. Siempre el negocio de la política.

Los medios se sienten amarrados, disparan a los extremos, despiden periodistas, esconden encuestas y vaticinan la segunda ronda. Las fuerzas empresariales, que es lo mismo, también entran en pánico. Y el gobierno de Chinchilla anda cada día peor, con avioneta y platinas.

La población recibe el mensaje: No hay por quien, no hay quite, tirémonos por el medio; y así, el partido y candidato que no tenían ninguna posibilidad, ninguna plataforma, ninguna estructura, ninguna experiencia, que era literalmente un rejuntado, triunfa de número uno en febrero y gana, abrumadoramente, la segunda ronda.

Y nadie diga que fue por una buena campaña; si tan malas como esa, solo recuerdo una de GW Villalobos, en el 76, y otra en Nicaragua, la de Edmundo, el feo.

Lo que pasó simplemente fue que el país se desgañitaba contra Chinchilla y el PLN y, ante el panorama descrito, más la renuncia del  “líder”, no les quedó a los ciudadanos otro remedio que votar por el único que había.

Ese es el Accidente Solís. 

Sin duda el más sorprendido, aunque tenga que disimularlo.

En la alta política, como en casi todas las disciplinas, cuando son serias, no se improvisa. Todo se piensa antes, se calcula antes, se planifica antes, o bien se paga muy caro, después.

Llegados al poder el PAC y su flamante profesor de historia, no había más alternativa que jinetear la burra y comenzaron a llenar puestos. 

Si nadie quería ser ministro de hacienda, pues se lo encajan al Vicepresidente. Si no hay expertos para ministros, embajadores o viceministros, pues se improvisa un microbiólogo, un burócrata viejo, un pega banderas o se trae a alguien de los partidos tradicionales. Qué importa que hayan hablado de CAMBIO, si lo que importa es ganar y ya ganamos. “Pa eso tenemos la mayoría”, como dijo el otro.

Así las cosas, los amigos de la escuela, de la campaña, de la iglesia, del equipo de fútbol o de la U, pasan a ser rápidamente  ministros, vices, embajadores, directores, delegados, gerentes bancarios, todo lo que se pueda rellenar con solo levantar el índice y un mediocrillo estipendio.

Y claro, el resultado está hoy a la vista.

Nunca hubo doctrina de previo, salvo las broncas internas del partido. Nada de experiencia, salvo los viajes de porrismo aeroportuario, nada de economía política, salvo lo que puedan traer los últimos allegados de la diestra o de la siniestra al rejuntado gobernante.

Entonces, los accidentes se reproducen y van a ser peores cada día y no veo por donde poner un semáforo. 

Pero la culpa la tiene mucha gente, no solo el Jefe que le concede  apellido a este fenómeno. Son muchos. No alcanzaría el agua del Reventazón para lavar tantas manos.

Pero como él ha dicho que quiere un debate, pues aquí le dejo mi cuarto a espadas. Y que él se lo plante.

Marzo 6, 2015.